“Nada queda de pie...”
Monopolio con sentido del humorDenise Dresser
Al mirar el último spot de Telmex, no queda más que darle la razón a quienes dicen que es un monopolio con sentido del humor. “Inviértanle”, le dice la compañía a sus competidores, mientras hace todo lo posible por obstaculizarlos. Atiendan a los pobres en las zonas rurales, sugiere la compañía que les cobra entre las tarifas más caras del mundo. Nosotros sí le apostamos a México, insiste la compañía cuya inversión en el país bajó 26.8%, mientras se expandió en Brasil. Y hay que reconocer y aplaudir su esfuerzo por hacernos reír, ya que ante el estado actual de las telecomunicaciones en México los consumidores tienen pocas opciones más que llorar. Por lo menos Telmex y su dueño buscan atenuar con el humor los golpes cotidianos que nos propinan.Porque hay que admitirlo: pocas cosas tan risibles como los esfuerzos de Telmex y del señor Slim por presentarse como víctimas de sus adversarios. Telefónica es peor, dicen. Los jugadores pequeños tienen monopolios regionales, subrayan. La compañía ha cumplido los acuerdos de interconexión, reiteran.
A Telmex y a su principal accionista sólo les falta citar la famosa frase de Carlos Salinas de Gortari —“política ficción”— en su defensa. Y entre las carcajadas que produce su actuar, sin quererlo siquiera, revelan verdades dolorosas sobre su actuación y el impacto que producen en el país que asfixian. Ante la acusación de prácticas monopólicas, Telmex se defiende aduciendo que Telefónica también las utiliza en otros mercados, como si eso fuera un gran consuelo para los consumidores. Señala la paja en el ojo de sus competidores sin darse cuenta que hace más evidente la viga en el suyo. Promete que interconecta a la competencia, cuando en realidad se demora y cobra lo que quiere cuando finalmente cumple.
Quizás el humor de Telmex y del señor Slim sea un intento por evidenciar la vasta diferencia entre el mundo de las telecomunicaciones como nos dicen que es y como opera en realidad. Telmex invita a sus competidores a invertir en poblaciones de bajos ingresos, donde no es “negocio” hacerlo. Pero las propias tarifas que le cobra a la competencia lo impiden.
Los costos que se ven obligados a cubrir los competidores en lugares donde Telmex domina —e interconecta— impiden su expansión. En la mitad de las áreas de servicio local, Telmex es el único proveedor de servicio, por lo que otros concesionarios tienen que pagar una tarifa para que termine sus llamadas. En pocas palabras, Telmex exige inversión de sus contrincantes, pero al mismo tiempo elimina los incentivos para que otros la lleven a cabo. Telmex exige apuestas de sus adversarios, pero controla la mayor parte de las fichas sobre la mesa de juego. Telmex sugiere que otras compañías no están tan comprometidas con México, mientras erige obstáculos para que operen eficazmente aquí.
¿Cómo no sonreír cuando el abogado de Telmex asegura que la empresa no es responsable de “alguna captura regulatoria”? ¿Cómo no sonreír cuando hay tantos ejemplos de que es así? Basta recordar el paso de Pedro Cerisola —ex empleado de Telmex— por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes y todas las omisiones regulatorias que supervisó desde allí.
Basta recordar las múltiples maneras en las cuales Telmex ha violado los términos de su concesión, sin que haya sido sancionada. Basta recordar que ante una petición ciudadana usando la ley de acceso a la información, el órgano regulador —la Cofetel— reconoce que “la autoridad aún no ha elaborado un documento que contenga propuestas de sanciones a Telmex derivado de posibles incumplimientos de las condiciones del título de concesión, dado que la revisión de los mismos aún no ha concluido” (número de expediente 104507). Basta exponer que la Cofetel comenzó la investigación en 1998 y 10 años después aún no la ha podido concluir.
Como prueba de la ausencia de “captura regulatoria”, Telmex argumenta que “si eso fuera cierto la compañía no estaría a la espera de la modificación de su título de concesión para dar servicios de televisión”. Siguiendo esa lógica, el día que la autorización ocurra —como ya lo auguró Luis Téllez, secretario de Comunicaciones y Transportes— será la mejor evidencia de lo contrario: que Telmex logró doblegar a la autoridad como siempre lo ha hecho, sólo que ahora le tomó un poco más de tiempo. Y un poco más de cabildeo personal por parte del señor Slim. Y un poco más de chantaje por parte de los ejecutivos de su empresa. Esos que reiteran cuánto ha invertido Telmex, cuántos empleos ha creado, cuántos impuestos ha pagado. Pero nunca calculan cuánta riqueza ha sido transferida por los consumidores de México a una compañía que se embolsa más de lo que debería. Sí, Telmex es una empresa dinámica, pero también es una empresa depredadora. Sí, Telmex es una compañía productiva, pero también es una empresa rapaz.
Por eso cuando Telmex y el señor Slim citan el estudio del Banco de México que “demuestra que la compañía no ha subido las tarifas” es momento de soltar una carcajada. Es momento de reír a tambor batiente y después recordarles que en todas partes las tarifas han caído de manera dramática menos aquí. Aquí seguimos celebrando que todo México es territorio Telcel, sin reconocer los obstáculos que eso entraña para la competencia. Los costos que eso entraña para los consumidores. Los retos que eso entraña para la competitividad. Las vallas que eso coloca ante el desarrollo de un mercado de telecomunicaciones dinámico, moderno, funcional. Un mercado más bien guiado por las tres “C” de las que todos hablan: competencia, cobertura, convergencia. Un mercado donde Telmex no tenga la capacidad para negar, retrasar, deteriorar, interrumpir y después decir —con una gran sonrisa— “inviértanle”.
Como escribió Mark Twain alguna vez: “Nada queda de pie frente al asalto del humor”. Pues ojalá que eso ocurra en este caso y en este país. Ojalá que el talante satírico que Telmex ha desplegado en tiempos recientes sirva para provocar, sacudir, evidenciar. Para construir condiciones de competencia real y desmantelar barreras que la impiden. Para que entre carcajada y carcajada los mexicanos empiecen a mirar con mayor honestidad al monopolista que los manipula. Para que la autoridad le sonría menos al señor Slim y muestre una mayor disposición a regularlo mejor. Porque Felipe Calderón aseguró la semana pasada que “el gobierno está comprometido con un México competitivo y ganador que implica precisamente una transformación del sector de las telecomunicaciones”. Y los ciudadanos necesitan saber que no sólo estaba bromeando.— México, D.F.
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hasta la proxima...




















